El dios de hoy
actual caída en la escritura
Hace un tiempo os hablaba de algunas lecturas recientes, entre ellas Sagrada la Materia de Annie Dillard (Bamba, 2026). Comienza la historia diciendo ‘‘Cada día es un dios, cada día es un dios, y lo sagrado se despliega en el tiempo’’ y efectivamente, cada día de la narración -tres en total- contiene un dios particular que no se asemeja a la idea de los grandes dioses juiciosos y omnipotentes, sino más bien a un animal espiritual con pretensiones exhibicionistas:
‘‘El dios de hoy se alza, sus largos ojos llenos de nubes. Lanza los brazos y se abre, se arquea, ahuecando el cielo en su vientre. Se eleva de un salto, se aboveda y se despliega, sosteniéndolo todo y extendiéndose sobre mí como la piel’’
Llevo un tiempo obsesionada con las hierofanías, las manifestaciones de lo sagrado y su relación con lo matérico. Podéis imaginar que este libro me llegó como una revelación, como si eso que quería escribir ya estuviese escrito. Pero por suerte o por desgracia, Dillard y yo no somos la misma persona y estoy segura de que puedo abordar este tema siguiendo su estela.
Recogí la premisa de ‘‘el dios de hoy’’ y ahora mismo es la única forma que tengo de caer en la escritura.
Os quiero compartir algunas de mis impresiones de los dioses de los días. Aún no sé a dónde me va a llevar. De momento es un chorro abierto. Confío en que encontrará su cauce.
LOS DIOSES DE LOS DÍAS
‘‘El único gran dios nos abandonó a los dioses de los días, cada uno brutal y desbocado en su enormidad y su idiotez’’ Annie Dillard, Sagrada la Materia
23/5/26 Hilos rojos se despliegan de mi carne enviados a tejer otro cuerpo pero el dios de hoy no propicia agujas. Baña mis hilos en aceite y los prende. Acerca su enorme cara claroscura. Lindes de fuego me cercan.
26/5/26 Duerme, a la luz duerme. Su halo sereno me imanta y desconozco mis labores; mi solo compromiso es amarle. Dios, hoy, se ha tomado prestada la carne líquida de mi esposo para que pueda adorarle a bocajarro.
4/6/26 El dios de hoy calzó sus dedos en mi llaga para medir la temperatura de mi sangre. ‘‘Sigue ardiendo’’ concluyó en su tacto. ¿Debería templarme? No. En ti está prender / de pasión por un mundo que se escarcha. / Da tu pellejo siempre encarneviva / abrigo de los desencarnados. Sacó sus dedos de mi herida y la dejó ligeramente más holgada.
8/7/26
El dios de hoy se ha ausentado
para que mi vista se encuentre
con vencejos y amapolas.
Una, en medio, completa la triada.
El dios de hoy se hace a un lado
para complacerse de nosotros,
sus criaturas.

